Me desperté con dolor de cabeza, me dolían las manos, los brazos, todo el cuerpo. Estaba estirada sobre la hierba y el roble se alzaba detrás de mí. Intenté sentarme, pero no pude. Dany intentaba sacarme algo de la mano… mi anillo. Cuando lo consiguió lo guardó en su bolsillo y me miró. Estaba arrodillado a mi lado.
- Dany… que me has hecho? - mi voz era un susurro débil.
- Sabes? - dijo él - Te quería de verdad, y olvidé mi condena de cazar vampiros cuando te conocí, pero… tú nunca me amaste de verdad…siempre amaste a ese… asqueroso sanguijuelas - dijo como escupiendo la última palabra - ¿Sabes Cler?… el amor es querer a alguien, no hacerlo sufrir ni tampoco dejarlo huir.
¿De que estaba hablando? ¿Condena? ¿Samuel también es un vampiro? ¿Qué estaba pasando?
- El amor jamás reclama, da siempre. El amor tolera, jamás se irrita, ¡nunca se venga! ¡Estás enfermo Dany! - le contesté.
Dany se puso en pie. Una pierna a cada lado de mis caderas, me miró con malicia y dijo:
- Tranquila, morir en mis manos es dulce, no sufrirás, seré….rápido. - Le miré atónita - Pero antes…
No acabó la frase, de repente, sentí todo su peso sobre mi cuerpo, aplastándome contra la hierba mal cuidada del suelo. Sentí sus manos en mi cuerpo, tanteando en busca de carne desnuda.
- Dany, quítame las manos de encima! - dije desesperada.
- Venga, Cler…es nuestra última noche juntos, no crees que deberíamos disfrutar? Pero si estás helada! - sonaba sarcástico.
Sentí su boca caliente y húmeda sobre mi rostro, intentando besarme de manera patosa. Su cuerpo me inmovilizaba y sus empalagosos besos me descendían por la garganta. Oí como ropa se desgarraba.
- ¡Uy! - dijo entre sonrisitas - Lo siento.
Moví la cabeza hacia un lado y me encontré con su mano, que acariciaba torpemente mi mejilla. Le mordí, hundiendo los dientes en su palma. Sentí el sabor de su sangre mientras escuchaba el alarido de dolor que Dany lanzaba. Apartó la mano violentamente.
- ¡Eh! Dije que lo lamentaba!
Contempló ofendido la mano herida. Entonces su cara se ensombreció, mientras, sin dejar de mirarme fijamente, cerraba la mano, convirtiéndola en un puño.
«Ya está - pensaba yo - O bien me va a dejar sin sentido otra vez o me matará.»
Pude ver la luna sobe su hombro izquierdo. Resultaba extrañamente apropiado que fuera la última cosa que vería.
Y entonces algo levantó a Dany y lo arrojó contra una lápida.
Rodé sobre un costado, sujetando con una mano el vestido desgarrado, mientras que con la otra mano intentaba encontrar algo que me sirviera de arma. Pero entonces vi la persona que me había sacado a Dany de encima. Samuel Black. Pero no era el Samuel que hace un rato estaba bailando conmigo: su rostro esta lívido y enfurecido y había una luz asesina en aquellos ojos verdes.
- La primera vez que te vi, supe que no tenías arreglo - dijo Samuel - Que acabarías tu trabajo.
Su voz era baja y fría pero hablaba con calma. Dany empezaba a incorporarse y maneaba la cabeza aturdido. Samuel se movía como un bailarín. Cada movimiento natural y controlado con precisión.
- Pero no tenía ni idea de que tu carácter estuviera tan poco desarrollado.
Golpeó a Dany con despreocupación, éste salió volando contra otra lápida. Se sentó y se quedó allí quieto, con los ojos en blanco. Un hilillo de sangre empezó a brotar por su boca y nariz.
- Ni a tu novia respetas. – dijo Samuel muy nervioso ―. Pero ya me lo esperaba de ti… ¡estúpido humano asqueroso! ¿Tenias que caer tan bajo?
Me dolía la cabeza, las palabras de Samuel me estaban confundiendo. Además Samuel lo había llamado “estúpido humano asqueroso” como que humano, ¿no se supone que Samuel también era humano?
Samuel se giró hacia mí, como si escuchara mis pensamientos e mis desconfianzas. Entonces, Dany se arrojó sobre él. Samuel le cogió absorbió el impacto de la violenta agresión. Samuel volvió a arrojar a Dany contra una lápida, ésta se rompió, junto con los huesos de la espalda de Dany. Pude escuchar cómo se rompían, uno a uno. No estaba muerto, pero estaba a punto. Cómo demonios íbamos a explicar esto?
Junté todas mis fuerzas y me arrastré fuera del alcance del roble. Cada vez que me movía me dolía mas el cuerpo, pero ya faltaba poco para salir de la influencia del roble. Cuando lo conseguí, sentí como alguna energía volvía a mí. Me levanté e miré hacia el horizonte. El sol, estaba saliendo, tenía que esconderme, lo más rápido posible. Corrí a meterme a cubierto lo más rápido posible, me dolía todo el cuerpo. La tumba ocultaba la luz del sol, pero a medida que pasaba el tiempo, el sol iba ganando terreno. Miré hacía Samuel.
Estaba arrodilladlo al lado de Dany. Puso la mano dentro de la chaqueta de Dany y sacó un cuchillo. «¿Qué hacía Dany con un cuchillo?» Samuel la cogió y le cortó la garganta a Dany. Le cerró los ojos, le sacó la chaqueta y lo tapó con ella.
Estaba aturdida mirando los movimientos de Samuel cuando un dolor abrasador me recorrió la mano. La luz del sol. Empezaba a acercarse cada vez más.
- Samuel… - dije con un hilo de voz. Nunca estuve tan asustada en mi vida.
Samuel me miró.
Después deslizo su mano en el bolsillo de Dany y sacó mi anillo. El olor a sangre era intenso, mis colmillos salieron de sus fundas. Samuel se apartó del cuerpo sin vida de Dany y caminó hacia mí con paso decidido. Me tendió mi anillo. Le miré a los ojos. Ya no había nada de maldad en su rostro, cualquier rastro de enfurecimiento que había tenido había desaparecido y lo había reemplazado la seriedad. Tomé mi anillo y dejé que me ayudara a caminar.
Me ayudó a sentarme, en la tumba de alguien supongo. Samuel me miró.
― Hay alguien que te pueda llevar a casa, alguien a quien puedas llamar? - preguntó muy serio.
- No - respondí.
Entonces Samuel se giró, como si no soportara mirarme. Le miré. Tenía el desgarrado a lo largo de la parte delantera. Lo sujeté sobre el sujetador.
- Yo te llevaré - dijo. Y empezó a caminar hacia el sendero, que estaba a unos cuantos metros.
Me levanté y empecé a seguirle.
- Gracias, - él me miró - por todo. - Se quitó la chaqueta y me la puso sobre los hombros. Después emprendió la marcha.
Cuando llegamos al sendero señaló hacía donde estaba la casa de la Sra. Smith. La casa de huéspedes.
- He dejado mi coche en la casa de la Sra. Smith, vamos a cogerlo, después te llevaré.
Asentí y le seguí. Su paso era decidido y delicado. Intenté leerle los pensamientos, pero como siempre, no pude. Aun no podía creer lo que había pasado allá en el cementerio. «Lo ha matado» me repetía mentalmente cada dos por tres. Aunque me sentía a salvo a su lado, no podía creer que lo hubiese matado.
- Él te habría matado a ti - dijo Samuel como adivinando mis pensamientos - Estoy seguro de que lo habría hecho.
No nos dijimos nada más. Él parecía no querer hablar e yo no quería parecer demasiado pesada, pero quería respuestas, muchas respuestas.
Llegamos a la casa de huéspedes y Samuel abrió la puerta de la entrada con una llave que parecía más ser de un baúl que de una puerta. Una vez dentro empezó a subir las escaleras. Tras un momento de vacilación le seguí. Subimos hasta la tercera planta, (que era donde se acababan las escaleras), su habitación era la última, la del fondo de todo. Empujó la puerta con cuidado, y dejo a la vista una pulcra y ordenada habitación. Una cama ocupaba la pared a mi derecha, tenía una simple manta por encima y una pequeña almohada. Había una mesilla al lado de la cama, con un pequeño libro encima y un vaso de agua. Un armario ocupaba la pared a mi izquierda y justo en la pared delante d la puerta había una ventana. Samuel esperó a que entrara y cerró la puerta detrás de mí. Me dirigí hacia la ventana e pude ver su coche aparcado en la parte de detrás de la casa de huéspedes.
- Si quieres ir al baño a limpiarte - dijo enseñándome al pequeño cuarto de baño que estaba al lado de la puerta por donde entramos. Asentí y me dirigí al baño sin dirigirle ni una mirada.
El baño era lo que le podíamos llamar “pequeño”. Tenía un lavamanos. Cerré la puerta y encendí el agua. Me mojé la cara y me peiné con los dedos, enfadada por no haber un espejo. Examiné mi vestido y se me cayó el alma a los pies. Estaba completamente roto en la parte delantera, y no había manera de arreglarlo. El sujetador ya no podía aguantármelo. Salí del baño aun con la idea de cómo iba a apañármelas para volver a casa sin que a mi madre le diese un ataque cuando me viese así, con el vestido desgarrado.
Samuel estaba sentado en la cama y tenía una sudadera en las manos. Me la tendió.
- Pensé que querías taparte con algo. ― se levantó y caminó hacia mí.
Acepte la sudadera y me la puse. Olía como él… a frió y dulce.
- Me debes respuestas - le dije con frialdad.
Puso mala cara, pero asintió y me miró.
- Qué quieres saber? - preguntó.
- Cómo sabias que Dany era… - me era imposible pronunciar aquella palabra - lo que era….?
Samuel caminó hacia la ventana y miró hacia afuera, como si hubiese algo que le interesase más que la conversación que estábamos teniendo.
- Los cazadores de vampiros existen desde que existimos nosotros, es como…si nos hubiesen creado juntos para fines distintos – dijo - Conozco mi enemigo cuando lo veo.
¿Me estaba llamando ignorante?
- Aunque es fácil de verlo – siguió - no creo que lo supieses, Dany solo había completado la mitad de su entrenamiento, y así es más difícil de saberlo…
- Pero tú lo sabías - le espeté.
- Sí! - me miró.
- Porqué no dijiste nada? - pregunté enfadada.
- Porque se suponía que no deberías saber que soy vampiro, y creo que si te lo hubiese dicho descubrirías lo que era.
- Entonces…porqué ahora? Fuiste tú el que apareció, además no necesitaba tu ayuda! - le dije enfadada.
- Oh, ya lo creo que la necesitabas. Estaba a punto de matarte! - estalló él.
Aparté la mirada y me dirigí hacia su cama. Me senté de espaldas a él.
- Dany no haría eso - susurré.
Aunque Samuel tenía algo de razón…Dany siempre que me había cogido con demasiada brusquedad me hacía daño, mucho.
- Te equivocas - dijo Samuel- Clara, no te das cuenta? Dany completó su entrenamiento hace poco, sé que no tenía en mente matarte desde un inicio, pero por lo visto cambió de opinión.
Me había quedado sin argumentos. Samuel tenía razón.
― Y tú que pintas en toda esta historia? – pregunté - Porqué estas en California?
Samuel desvió la mirada. Se apartó de la ventana, rodeó la cama y se sentó a mi lado.
- Hace más o menos un año mi padre murió - dijo.
― Samuel! ― un dolor me revolvió el estomago. Yo sabía que era perder a tus padres.
Mi mano cubrió la suya instintivamente, antes de que me diera, ya lo estaba tocando.
- La familia de mi padre siempre tuvo enemigos - siguió él - Lo buscaron durante mucho tiempo, y cuando lo encontraron, lo mataron junto con su esposa. Mi padre me escondió, a mi a Adam y Angela, nunca llegaron a encontrarnos, pero saben que existo.
- Y los demás? También conocen su existencia? - pregunté.
Samuel negó con la cabeza.
Asimilé lo que me acababa de decir y advertí que antes había dicho su esposa, no mi madre.
- Y que paso con tu madre? - pregunté.
- Murió cuatro años después de que yo naciera - al ver mi expresión soltó una risita - Sí, soy un vampiro de nacimiento. - Luego su rostro volvió a ensombrecerse - A ella también la mataron los rebeldes.
Los rebeldes…Dany era un rebelde.
- Un momento… - dije - Si saben que existes…te estarán buscando, ¿no? Por eso Dany estaba aquí…
Samuel asintió.
- Por eso Adam dejó que me quedase con él. Lo habría dejado igualmente, pero él siempre tuvo miedo de que si me iba y me cogían, de que yo dijera que había más hijos.
Adam, Adam y Angela, hermanastros de Samuel.
- Entonces supongo que te has escapado ¿no?
Samuel rió sin ganas.
- Ojala fuese tan fácil como eso - dijo bajando la cabeza.
Mi mano acariciaba la suya. Mi corazón se encogió y tenía unas ganas enormes de rodearle con mis brazos y fundirme en el. No soportaba verlo así, parecía, abatido, triste, mal…
- Samuel - dije acercándome más a él - tampoco puede ser tan malo, se…
- Clara, ¿no te das cuenta? Es por ti el porqué de mi estada aquí.
¡Samuel estaba aquí por mi! Una sonrisa empezó a asomarse por mis labios. Me acerqué a él aún más, hasta que nuestras piernas se rozaron. Tomé sus manos entre las mías.
- No, no, no, - dijo. Pero no parecía creer lo que decía ― no puedo Clara.
- Pero dijiste…
- …qué estaba aquí por ti, lo sé, y es verdad, pero a ordenes de Adam. - Se puso seriamente - Para poder heredar todo lo que nuestro padre le dejo…
- A ti no te dejó nada? - pregunté.
Samuel negó con la cabeza.
- No, todo para Adam, pero la verdad es que no me importa, me basta con mi pequeña habitación y mis ropas - dijo levantándose de la cama - Pero como te decía. Para poder heredar lo que nuestro padre le dejó, se tiene que casar, ese es el trato que Annette hizo con Adam, ya que cuando papá murió Adam aun era menor. Entonces él buscó por todas partes, por todo el mundo, y te escogió a ti. Tú, con tus preciosos ojos castaños, tus labios apetecibles, tus brillantes y preciosos cabellos… - volvió a sentarse a mi lado y tomó mi cara entre sus manos suavemente - Me envió aquí para conquistar tu corazón…
―…lo hiciste - le corté - mi corazón te pertenece desde la primera vez que te vi.
―…para él. - Finalizó Samuel.
Se me cayó el alma a los pies.
- Entonces - dije enfadada - aquellos besos, que me salvaras hoy… todo el poco tiempo que pasamos juntos…era por interés? era todo una mentira? - me aparté de él bruscamente y me dirigí a la puerta.
Samuel me siguió.
- Clara espera, escúchame… - me giré. No soportaba mirar su cara, tanto dolor…- déjame que te lo explique - pidió extendiéndome la mano.
Respiré hondo varias veces y acepte la mano que me tendía.
- Cuando llegué intenté integrarme lo mejor posible, pero tu hermano Andy es demasiado listo. Me descubrió. Y se lo conté, pero cuando te pusiste enferma, Andy se lo contó a tus padres.
Mis padres lo sabían? Esto era demasiado!
- Pero entonces apareció Dany. Andy me ayudo a intentar hacerle entrar en razón y irse, pero Dany estaba aquí por ti. Entonces empezasteis a salir, y tuve que hacer con que desaparecía. Porque era lo que había planeado así con Adam y porque me afectaba por dentro. La primera regla es no enamorarse de tu objetivo, pero fue imposible.
No supe que decirle…me había quedado sin palabras…Samuel sentía por mi lo mismo que yo sentía por él.
- Adam consiguió una manera de contactar contigo, para poder conocerte mejor, y para poder intentar arreglar las cosas entre nosotros.
- Entonces…era él el del msn? - pregunté incrédula.
Samuel asintió.
- Y cuando presentías que alguien te vigilaba, que te observaban, era yo, esa es mi habilidad.
Y como era que seguía sin poder leerle el pensamiento?
- Estuve entrenando duro durante 6 meses para poder llevar a cabo esta misión. Estudié todos tus pasos, todo lo que hacías, y aprendí a ocultar mis pensamientos, para que no los pudieses leer en ninguna ocasión. Lo teníamos todo planeado, desde el inicio.
- Entonces, todos aquellos sentimientos, los besos, los abrazos, las miradas, eran de Adam? – pregunté yo aterrorizada.
- Si - me contestó sin rodeos.
- No…no me lo creo Samuel - le dije - una parte de tu corazón lo quería tanto como yo.
- Solo quería que te enamoraras de Adam - me contestó mirándome a los ojos.
― Cómo quieres que me enamore de una persona a la cual no conozco Samuel? Maldita sea - le dije chillando - Esos besos eran nuestros, eran de nuestro amor!
- Estas equivocada - me dijo él seriamente.
- No… no estoy equivocada, sé que me amas.
Me acerqué a él. Cogí su cara entre mis manos y dije:
- Cuando estoy contigo todo se vuelve insignificante - susurré - cuando estoy a tu lado me siento segura, como si nada me pudiese pasar…cuando estoy contigo solo existimos tu yo y el fin del mundo.
- Clara…no puedo…te
- Shhh… - susurré mientras acercaba mi boca a la suya.
Lo besé. Al principio su boca era dura contra la mía, inflexible, luego me rodeo con los brazos y me apretó contra sí. Me besó dulcemente en los labios, mientras me acariciaba la espalda. Entonces, el beso se volvió brusco y salvaje, Samuel me apretó contra su cuerpo y me besó con furia. Me mordió el labio, y sentí como su cuerpo reaccionaba al sabor de la sangre que manó del corte. Pasó la lengua por el pequeño corte y este dejo de derramar sangre.
Samuel me condujo por la habitación hasta su cama, donde nos sentamos uno al lado del otro sin dejar de besarnos. Cada beso era diferente, distinto de los demás, cada uno con un sabor nuevo. Caímos estirados sobre la cama. Samuel me acariciaba la cara, el pelo, los labios... mientras yo le besaba dulcemente en el cuello.
- Te quiero - susurré sobre el hueco de su cuello.
Samuel se estremeció
Se apartó de mi violentamente y se me quedó mirando.
- Clara…no quiero…
- Samuel - dije acercándome a él - si quieres…
- Pero no puedo - dijo él.
Toda la rabia estallo de golpe.
- Pues muy bien…- dije alejándome - que sepas que no iré contigo… ni muerta!
- Pero Clara…
- Pero nada!! - le chillé - ¡¡¡No voy a ir!!!
Samuel se dio por vencido y se puso a ordenar sus cosas.
- Qué haces? - pregunté enfadada.
- Las maletas…aquí ya no hago nada, me voy mañana a las nueve. Si quieres reconsiderar tu respuesta…sabes dónde encontrarme.
- No considerare mi respuesta - le chillé - Y ahora haz el favor de llevarme a casa!


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